domingo, 18 de abril de 2010

pasaba y pasaba cada día a entregar mi sonrisa, a esa mujer, a cambio de valiosos (para mi), para nada menospreciados, y entretenidos 'raspes de la loteria' gastados los tres rectangulos para rasparle con la moneda de diez, unos con fortuna, y otros no tanto. Y paciente llegaba a la casa los manipulaba cual fueran billetes de diezmil pesos, pasaba mis uñas de infante por el recondito cuadrado que decía no raspar, y desde ese entonces comencé a revelarme

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