correspondìa correr mientras nos perseguia la turba de incomprendidos, esas protuberantes mujeres que aman a mujeres, y esos hombres delgados que se les hacian llamar los flaites, esos que decian vivir serca de la costa del rio biobio, y corrimos, natalia agitada, no sè donde habiamos dejado a katherine y a claudia, nos desprendimos de las cargas y llegamos, nisiquiera recuerdo como, volando sobre una nube de temor, que màs que robarnos lo poco que teniamos podrian habernos hecho esos hombres y mujeres que nos perseguian sin real propósito.
Llegamos al destino indicado, a una cuadra de mi casa entre la calle lago ranco, y la plaza de los lagos de chile, y entramos con joaquin quien era el que me acompañaba, ya que natalia le habia crecido la barba y entre sus piernas ya habia aparecido la protuberancia de la metamorfosis adolescente.
Ricardo nos esperaba y con el sus ropas y despojos que habia dejado sin uso en su pieza mal oliente, el play station encendido y el candor de la cafetera recien hervida, joaquin esperaba con quietud en el espacio cocina, y yo con Ricardo conocìamos las partes que no habiamos logrado identificar cuando aun no nos reconociamos bien. Yo lo conocìa bien, si, de hace tiempos aquellos en que se me nublaba la vista y no podia sino mirarlo solo a el, cuando pronunciaba palabra, pero en aquel momento, ya nada parecia familiar, habiamos cambiado y su gesto tambièn, ya no eramos los mismos.
Accedí a su intencion de beso, pero lo sentì con repulsiòn, quisá no, pero prefiero contarlo de esta manera para que no suene a una suerte de infidelidad por medio de sueños. Pensaba en Denis, que me ama. Pero mientras sentìa sobre mis labios el sabor amargo de ese beso que no debia responder, me escapaba entre las piezas, hasta llegar al refugio de los brazos de Joaquin quien era el unico que podria despertarme de ese instante tan macabro. Asustados entramos al baño, y salimos de la misma forma, al escuchar ruidos, casi de multitudes. Los padres habian llegado, y con ellos la casa ya no era más muda, pues la casa se llenaba de individuos. Ricardo me miraba sin distracciòn, y yo enmudecida pensaba en que talvez podrìa ser mi correspondido.
Ya habian llegado, los rinocerontes tornazoles azul-magenta-violaceo estaban aqui y llenaban la casa, y los pescados rosado-amarillento, atravezaban el salon de punta en punta. Alboroto, distraccion, devocion. Animales inmensos deambulaban sin que nadie pusiera un pero en la aparición. Ricardo por su lado, afirmaba haberlos pintado, ni su madre creyò tal afirmacion, yo sí.
Mientras, la mamá de joaquin y ricardo tomaba los animales, enanos se volvian otra vez y tambièn en su lugar de ornamentaciòn de la casa, como siempre debió ser.
domingo, 7 de marzo de 2010
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